8/23/2015

sobre la construcción de un "no lugar" : la "jp lealtad" , una experiencia de ruptura



Entre las experiencias setentistas, la fractura de Montoneros y su estructura territorial (Juventud Peronista - Movimiento Villero Peronista), gremial (Juventud Trabajadora Peronista) y estudiantil (Unión de Estudiantes Secundarios - Juventud Universitaria Peronista) en el año 1974 , dió origen a una gran dispersión de militantes y coletarmente a la denominada JP Lealtad.

Poco se ha escrito sobre esta experiencia, tal vez por su irrelevancia histórica e inoperancia práctica, aunque conceptual y políticamente el debate que le dió origen fue valioso en aquella coyuntura y desborda la polémica específica . Señalamos dos temas a nuestro juicio interesantes:
La escalada de participación juvenil de sectores medios incorporados a un proceso de masas histórico.

La constitución de una "vanguardia" y su contradicción estructural e insalvable con la figura del "conductor" en una experiencia populista .

Al respecto leemos sobre uno de los pocos textos escriros sobre la experiencia de JP Lealtad

"La lucha armada fue legítima hasta el 11 de marzo de 1973"

Entrevista con Aldo Duzdevich, autor junto a Rodolfo Beltramini y Norberto Raffoul, del libro La Lealtad: los Montoneros que se quedaron con Perón.
Por Redacción APU

Hace diez años, Aldo Duzdevich se planteó una consigna: reconstruir la experiencia de La Lealtad y visibilizar aquella fracción disidente de Montoneros que se alineó con Perón hasta su muerte. “Era una deuda que tenía con mis referentes y con los compañeros que transitamos aquella experiencia”, subrayó Duzdevich en la presentación realizada este miércoles pasado en el Instituto de Altos Estudios "Juan Domingo Perón".

En el camino de escritura de este libro, Duzdevich se encontró con dos compañeros que al igual que él habían militado en La Lealtad, Rodolfo Beltramini y Norberto Raffoul. Estos se sumaron al proyecto editorial aportando sus recuerdos y colaborando en la recolección de los más de 800 testimonios obtenidos.

Atravesando algunos de los nudos más sensibles de la historia del peronismo post 55, el libro reflexiona sobre la violencia política, la lucha armada, el sindicalismo peronista, el rol de la cúpula montonera, el proceso de constitución de la Lealtad, la discusión sobre la militancia de Néstor y Cristina Kirchner, entre otros ejes fundamentales de la historia del movimiento nacional y popular.

Agencia Paco Urondo: ¿Por qué un libro sobre la experiencia de La Lealtad?

Aldo Duzdevich: Hasta hoy la historia de los 70 era contada básicamente por sobrevivientes de Montoneros, ERP y otras organizaciones armadas. Uno de los textos más difundidos son, por ejemplo, los de Miguel Bonasso, quien fuera director del diario Noticias de Montoneros y rompió con ellos recién en 1979/1980.

Luego aparecieron otros escritores de cuño “gorila- liberal” como Reato y Yofre. Ambos sectores (los de izquierda y los de derecha liberal) coinciden en un punto: destruir la figura de Perón. Se trata de matar “el mito originario”. Todos muestran a un Perón “facho” que “apoya a la derecha”, “traiciona a los jóvenes”, “crea la Triple A” y al mejor estilo fascista manda a matar a sus opositores.

A mi juicio es el mismo argumento de aquellos que Jauretche llamaba la “intelligentzia” argentina colonizada. Son los mismos argumentos que en 1945 Don Victorio Codovila del PC y el embajador Spruille Braden usaban contra Perón, o los que usan voceros del gorilismo, como Mirtha Legrand. En esencia, Legrand desde la mesa de TV, y Bonasso y Reato, desde su vanidad intelectual, destilan el mismo odio antiperonista.

Por eso, esto que comenzó siendo un libro sobre la historia de un sector de la “Tendencia Revolucionaria” que rompió con Quieto y Firmenich, terminó siendo un libro que da batalla por la memoria del General Perón.

APU:¿Qué significó para usted La Lealtad?

AD: Parafraseando a Nicolás Casullo, decimos que la Lealtad fue un intento de priorizar la política por sobre la pólvora. Pero lamentablemente termino ganando la pólvora.

El libro recorre la historia argentina desde 1955 hasta la muerte de Perón en 1974. Al analizar todo el periodo de la Resistencia Peronista, donde los principales actores fueron los trabajadores, los sindicatos y los sectores más humildes del pueblo, se pone en cuestionamiento esa jactanciosa afirmación de que “fuimos los jóvenes del 70 y en especial Montoneros, los que más luchamos para traer a Perón”.

La juventud de clase media (a la que pertenezco) ingresó al peronismo muy entrados los 70 y recién se hizo masiva en la campaña electoral de 1973. Los 18 años anteriores fue el anónimo pueblo peronista el que llevó la mayor parte de la lucha.

La lucha armada contribuyó mucho en los últimos dos años de Lanusse para forzar la salida electoral. Por eso consideramos legitima la lucha armada hasta el 11 de marzo de 1973. Luego de esa fecha, grupos importantes de combatientes y militantes de JP comienzan a plantear que iniciado el gobierno de Cámpora hay que cesar en la lucha armada y asumir el desafío de gobernar desde los enormes espacios institucionales alcanzados.

Pero la cúpula de FAR y Montoneros ya planteaba otro proyecto: crear la “vanguardia revolucionaria que conduzca al proletariado a la revolución socialista”. Eso chocaba con las ideas de Perón y del pueblo peronista.

El punto de inflexión es la ejecución de Rucci realizada por Montoneros dos días después de que Perón gana la elección con el 62% de los votos. Ese día, el conjunto de la militancia montonera pensó y dijo que el atentado era de la CIA. Pero, a las pocas horas los jefes montoneros bajaron la terrible noticia de que “fuimos nosotros”.

El Padre Carlos Mugica dijo al respecto: “Los montoneros le quitaron la alegría tremenda de experimentar a Perón dos días después de ser elegido Presidente… Le castraron la alegría y eso es imperdonable. No importa la autocrítica…¡la cagada que hicieron!. Un error tremendo de la burocracia montonera, la nueva burocracia”.

Pero, contra todas las mentiras que se dicen, Perón no reaccionó con violencia ante semejante afrenta propia del mejor estilo mafioso, antes que revolucionario. Los siguió recibiendo y tratando de contener hasta el mismo día de su muerte. Esto se muestra muy claramente en el libro con rigurosa documentación y testimonios.

En febrero de 1974, ya el debate dentro de Montoneros estaba agotado y se fractura la primer columna de la zona norte de la Pcia. de Buenos Aires, la José Gervasio Artigas. A ella le siguen la columna Oeste del Gran Buenos Aires, unidades de Capital y de todo el país. Nace la Lealtad. Y se reproducen las fracturas en los niveles de superficie de la tendencia: JP, JUP, JTP, UES...

Dos meses después muere el General Perón, y este movimiento de Lealtad que estaba en gestación no logra generar un espacio propio, que sin recurrir a las armas, diese continuidad a una nueva propuesta política. Queda atrapado entre dos fuegos, el de la derecha peronista y la hostilidad de montoneros que hacen juicios y condenan a muerte a muchos compañeros (condenas que por suerte no son cumplidas).

APU: ¿Néstor y Cristina formaron parte de La Lealtad?

AD: Néstor y Cristina en ese momento estaban militando en la JUP , muy cercanos a la JP La Plata, cuyo referente era el entonces Diputado Provincial Carlos Negri. Cuando Negri y su grupo se vinculan a los líderes de la fractura, Eduardo Moreno, Jorge Galli y Patricio Jeanmaire deciden “abrirse” de Montoneros pero sin tomar el nombre JP Lealtad.

Néstor y Cristina participan de este grupo que si bien no se llamaba Lealtad, estaba dentro del mismo espacio de pensamiento y actitud: deponer la violencia y acatar la conducción de Perón.

La Presidenta se ha referido varias veces a su posición política asumida en 1974. Lo que este libro agrega es la visión general de cuál fue el proceso de la disidencia, es decir cuál era el “continente” donde transitó la militancia de Néstor y Cristina en esa etapa puntual de la historia.

APU: ¿Qué vigencia tiene hoy la discusión sobre los 70 y este sector en particular?

AD: Perón decía que hay que estudiar la historia para aprender del error ajeno. Nuestra generación (de los 70) sufrió una derrota atroz, que nos costó 30 mil vidas y 30 años de freno en el avance del pueblo hacia una Argentina más justa.

No puede ser que nos sigamos contando una versión tan simplista de la historia: que éramos una fuerza revolucionaria extraordinariamente dotada, sorprendida por un enemigo que no previmos.

A todo esto, se suma el hecho de que los jefes sobrevivientes siguen dictando cátedras de heroísmo en base a los listados interminables de victimas que tuvieron sus organizaciones.

Gracias a la lucha de los organismos de derechos humanos y a que este gobierno tomo la causa de la justicia en sus manos ya tenemos a la mayoría de los represores juzgados y presos. Ya es hora de debatir seriamente entre nosotros qué nos pasó, qué errores cometimos para llegar a tan terrible derrota. De lo contrario tanta muerte habrá sido en vano. Si no podemos sacar una enseñanza de nuestros errores, de nuestra derrota, ¿qué enseñanza iremos dejar a las futuras generaciones?

Más información en: http://www.lalealtad.com.ar

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Resumen

Entre fines de 1973 y principios de 1974, la Tendencia Revolucionaria del Peronismo se vio atravesada por un proceso de disidencias internas que tuvo, como una de sus expresiones principales, la conformación de la Juventud Peronista Lealtad (jp Lealtad). El punto de inflexión que aceleró la fractura fue el asesinato del secretario general de la cgt, y pilar del Pacto Social promovido por Perón, José Ignacio Rucci. El hecho, presuntamente llevado a cabo por Montoneros, fue interpretado por algunos militantes como una muestra inaceptable de desafío allíder.

El objetivo de este artículo es recuperar parte de la experiencia de esta agrupación a través de un análisis de los momentos que condujeron a la ruptura, porque creemos que su estudio contribuye a echar luz sobre losconflictos y las tensiones que existieron en el interior de una de las organizaciones armadas más importantes de la Argentina. Partimos del supuesto de que estas fueron apriori gestadas como una opción racional y no a posteriori como defección a Montoneros. Asimismo, sostenemos que fueron los militantes que tenían una trayectoria más extensa dentro del Movimiento Peronista quienes engrosaron, principalmente, las filas de la jp Lealtad.

A modo de cierre 

Como síntesis de todo lo expuesto, se ve que entre junio de 1973 y marzo de 1974 se fue consolidando en forma progresiva un proceso de disidencia que le dio consistencia a las diferencias de perspectiva que un conjunto de militantes tenían respecto del rol de Perón y del Movimiento Peronista en el futuro revolucionario de la Argentina y que culminaron en la conformación de la jp Lealtad. Una vez oficializada la ruptura, Montoneros intervino la Regional II de jp y expulsó al delegado regional, Jorge Obeid, de la Organización, pese a que este había presentado su renuncia con anterioridad. Al mismo tiempo se produjo una escisión en el Movimiento Villero Peronista en el cual el sector Leales a Perón resolvió «recuperar nuestra organización y conducción, exclusivamente en función del proyecto de reconstrucción y liberación de nuestro líder, el general Perón».

Varios entrevistados coinciden en asignarle a la experiencia de la jp Lealtad la caracterización de un «no lugar político», la cual está ligada a la incapacidad que tuvieron sus militantes para generar un mayor desarrollo político de la agrupación. Algunos de los factores que explican los límites de su capacidad de acción se relacionan con la heterogeneidad de sus integrantes; la posición crítica respecto del verticalismo de Montoneros que los condujo a imponer un funcionamiento «asambleario» que atentó contra la toma de decisiones; la muerte de Perón el 1º de julio de 1974; la defensa de Isabel como su sucesora y conductora del Movimiento, que no era compartida por todos los disidentes; y, por último, la presencia de un militarismo residual en algunos de sus cuadros impulsores más importantes, que generó el rechazo de varios militantes.

Estos elementos se suman al contexto de enfrentamiento con sus antiguos compañeros de la Tendencia Revolucionaria y a la creciente escalada represiva que sobrevino a la desaparición del líder, que dejó también a los «leales» librados a la persecución de la Triple A. No obstante ello, la importancia de la jp Lealtad radica en haber realizado una revisión del planteo acerca de una preocupación inscripta ya en los orígenes del peronismo revolucionario en torno a la legitimidad de la lucha armada, la cual posibilitó un anclaje alternativo de amplios sectores de la militancia y permitió —en palabras de los propios 66 Véase «Intervienen Regional II de jp», Clarín, 9.4.1974, pp. 18 y 19. cuadernos del claeh ∙ Segunda serie, año 34, n.º 101, 2015-1, ISSN 2393-5979 ∙ Pp 33-61 59 protagonistas— «salvar numerosas vidas».

Una vez que el peronismo se encontró nuevamente en el poder, refrendado por el apoyo masivo de la población, asomaron las dudas acerca de los medios más indicados para llevar a cabo una transformación radical de las estructuras socioeconómicas.


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1 comentario:

Jorge Devincenzi dijo...

Como bien se dice, "la Lealtad fue un intento de priorizar la política por sobre la pólvora. Pero lamentablemente termino ganando la pólvora."
No es cosa de reivindicarme, pero YO NO ME FUI DE LA PLAZA y conozco a muchos cros que tampoco se fueron.